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lunes, 11 de marzo de 2013

El Reino de Dios y la Justicia. Introducción. Parte 1/2

Introducción

 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mateo 6:33


En primer lugar y antes de desarrollar el tema, quisiera aclarar que este tópico va dirigido a todas las personas que se considere, que sienta, que se identifiquen como pueblo de Dios, y además quiero agregar que de esta fecha en adelante mis escritos están dirigidos específicamente a aquellos que forman parte de ese pueblo que viven en Venezuela.

El motivo, como todo venezolano, es el deseo de participar de alguna manera en el diálogo activo que se está dando en el proceso que enfrenta actualmente mi país (Venezuela) pero desde el lugar en cual me colocó Dios y para la función que fui elegido. Creo sinceramente que cada persona en el mundo tiene un lugar y que cuando esa persona traspasa los linderos de su lugar (llamese ministerio, servicio, dones, llamados, entre otros) se involucra en temas y situaciones que no le compete, en los cuáles no es ninguna AUTORIDAD para que su influencia sea canalizada o bien recibida en ese lugar. El Apóstol Pablo lo explicó de la siguiente manera:

 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. 2 Timoteo 2:4

Es decir, nadie que está llamado a ejercer un servicio en determinada área (en el caso que plantea el Apóstol, militar) puede enredarse en ningún otro asunto salvo en el cual está prestando servicio, para mi es un honor y un gran reconocimiento estar al servicio de mi Señor y mi Dios, Jesucristo.

Así pues, quiero explicar con detenimiento la importancia y el valor que tiene el Reino de Dios y la justicia.

1. El Reino de Dios.

Estamos en uno de los escritos más famosos de Jesús, mejor conocido como el Sermón del Monte (Mateo 5, 6 y 7), no entraré a discutir aspectos menos importantes en este momento, tales como si fue un solo discurso o no, sino más bien en dar un contexto general acerca de los temas que se vienen tratando en el discurso.

Se puede decir, con toda certeza, que el Sermón del Monte constituye la base fundamental de la doctrina de los Apóstoles y que toda enseñanza cristiana tiene dos (2) influencias poderosas, las cuales son: el Antiguo Testamento (Moisés, los Salmos y los Profetas) y las Enseñanzas de Jesús; Aquí, en este punto, estaba Jesús dando categóricamente cuáles eran los principios que rigen el Reino de Dios, o dicho de otro modo, cuáles son las leyes fundamentales de este Reino que Él proclama.

En primer lugar habló de las bienaventuranzas, en segundo lugar de nuestro rol en la sociedad como luz y sal de la tierra, en tercer lugar se refirió a la Ley de Moisés dando a entender que Él es el cumplimiento de esa ley, y luego continuo hablando del sistema de valores de su reino refiriéndose a varios temas comunes entre los hombres: el adulterio, el divorcio, los juramentos, el amor hacia los enemigos, la limosna, la oración, el ayuno,  los tesoros en el cielo, la lámpara del cuerpo, las riquezas, el afán y la ansiedad, el juzgar a los demas, la regla de oro y la oración, la puerta estrecha, los frutos de los hombres, los hacedores del maldad y los dos cimientos. Todos estos temas dan luz, evidentemente, de un estilo de vida superior, que está por encima de las reglas humanas y de cualquier sistema humano creado jamás, sencillamente porque constituye los valores del Reino de Dios.

Y lógicamente, si un Reino tiene leyes, es porque también tiene territorio y tiene un Rey. Así pues, cabe la pregunta, ¿Cuál es el Reino de Dios? ¿Dónde está su territorio? ¿Quién es el Rey? Por que si el Reino de Dios fue uno de los temas central de las predicaciones de Jesucristo y fue la manera cómo inició su ministerio desde su primer discurso, como lo muestra los evangelios, entonces es porque el Reino de Dios es tangible, aquí y ahora mismo en la Tierra, ya que nada de lo que Jesús habló lo hizo en sentido místico y enigmático que no pudiese ser comprendido por los hombres.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Mateo 4:17


No voy a profundizar, en la repuesta de estas preguntas, sino mas bien voy a dejar que la palabra de Dios sea la que responda estas interrogantes (Si desea profundizar en este tema, lo invito a leer el libro "La Gran Idea de Dios", del Pastor Myles Monroe).

¿Quién es el Rey?

El Rey es Jesús, y el mismo Pilato, se sorprendio frente a la declaración de Jesús.
Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Juan 8:33-37.
 Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles. Apocalipsis 17:14

¿Dónde está su territorio?

 Su territorio no está en ningún lugar geográfico físico aquí en la Tierra, el mismo Rey explicó:
Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Juan 18:36
Sin embargo, Él tiene súbditos aquí en la Tierra,
¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. 1 Corintios 3:5

¿Cuál es el reino de Dios?

El reino de Dios es espiritual, y su reino está por encima de todos los reinos humanos, Él gobierna desde el cielo todos los reinos existentes. Aquí en la Tierra, su reinado se instaura en los corazones de sus súbditos quienes le deben ser leales y vivir en esta Tierra bajo los principios de su Reino, de tal manera, que Dios establece su reino en la Tierra a través de sus representantes o colonos, quienes se encargan de ser una influencia en todos los demás reinos existentes en la Tierra. Citó textualmente la explicación del Diccionario Expositivo del Nuevo Testamento VINE:

Basileia (βασιλεία, G932), es primariamente un nombre abstracto, que denota soberanía, poder regio, dominio, p.ej., Apo_17:18, traducido «que reina», lit. «tiene (eco) reino (basileia)», como también se traduce en RV (VM: «tiene el imperio»); luego, por metonimia, un nombre concreto, denotando el territorio o pueblo sobre el que reina un rey (p.ej., Mat_4:8; Mar_3:24). Este término se utiliza especialmente del Reino de Dios y de Cristo.

«El Reino de Dios es: (a) la esfera del gobierno de Dios (Sal_22:28; Sal_145:13; Dan_4:25; Luc_1:52; Rom_13:1-2). No obstante, debido a que esta tierra es la escena de una rebelión universal contra Dios (p.ej., Luc_4:5-6; 1Jn_5:19; Apo_11:15-18), el Reino de Dios es (b) la esfera en la cual, en cualquier momento dado, se reconoce su gobierno. Dios no ha cedido su soberanía frente a la rebelión, sea esta demoníaca o humana, sino que ha declarado su propósito de afirmarla (Dan_2:44; Dan_7:14; 1Co_15:24-25). En el interim, buscando obediencia bien dispuesta, él dio su Ley a una nación y designó reyes para que administraran su Reino sobre dicha nación (1Cr_28:5). Israel, sin embargo, aunque declarando todavía una adhesión nominal, se unió a la rebelión general (Isa_1:2-4), y, después de que hubieran rechazado al Hijo de Dios (Jua_1:11; cf. Mat_21:33-43), fueron «excluidos» (véase Rom_11:15, Rom_11:20, Rom_11:25). Desde entonces Dios llama a los hombres en todos lugares, sin distinción de raza ni de nacionalidad, para que se sometan voluntariamente a su gobierno. Por ello se dice del Reino ahora que es «en misterio» (Mar_4:11), esto es, no se halla dentro del campo de los poderes de observación naturales (Luc_17:20), sino que se discierne espiritualmente (Jua_3:3; cf. 1Co_2:14). Cuando, en el futuro escatológico, Dios afirme su gobierno de una manera universal, entonces el Reino lo será en gloria, esto es, será manifiesto para todos; cf. Mat_25:31-34; Flp_2:9-11; 2Ti_4:1, 2Ti_4:18.

»Así, hablando de una manera general, las referencias al reino caen en dos categorías, la primera, en la que se lo contempla como presente, e involucrando sufrimiento por parte de aquellos que entran en él (2Ts_1:5); la segunda, en la que se lo contempla como futuro y está asociado con recompensas (Mat_25:34), y gloria (Mat_13:43). Véase también Hch_14:22.

»El principio fundamental del Reino es declarado en las palabras del Señor dichas en medio de un grupo de fariseos: «el Reino de Dios está entre vosotros» (Luc_17:21); esto es, allí donde está el Rey, allí está el Reino. Así, en este tiempo presente, y por lo que a esta tierra respecta, el lugar donde el Rey se encuentra y donde se reconoce su gobierno es, primeramente, el corazón del creyente individual (Hch_4:19; Efe_3:17; 1Pe_3:15); y luego en las iglesias de Dios (1Co_12:3, 1Co_12:5, 1Co_12:11; 1Co_14:37); cf. Col_1:27, donde en lugar de «en» se debe leer «entre».

»Y ahora, siendo que el Rey y su gobierno son objeto de rechazo, aquellos que entran en el Reino de Dios entran en conflicto con todos los que rechazan adherirse a él, así como con el deseo de comodidad, y con la aversión al sufrimiento e impopularidad, consustanciales a todos. Por otra parte, los súbditos del Reino son objeto del cuidado de Dios (Mat_6:33), y del Rey rechazado (Heb_13:5).

»La entrada al Reino de Dios es por el nuevo nacimiento (Mat_18:3; Jua_3:5), porque nada que el hombre pueda ser de naturaleza, o que pueda alcanzar por cualquier tipo de cultivo de sí mismo, sirve en el reino espiritual. Y como la nueva naturaleza, recibida por el nuevo nacimiento, se hace evidente en la obediencia, se dice además que solo aquellos que hacen la voluntad de Dios entrarán en su Reino (Mat_7:21), donde, sin embargo, el contexto muestra que la referencia es al futuro, como en 2Pe_1:10-11. Cf. también 1Co_6:9-10; Gál_5:21; Efe_5:5.

»La expresión «Reino de Dios» aparece cuatro veces en Mateo, donde el término usual es «Reino de los Cielos». Este último no aparece en ningún otro lugar del Nuevo Testamento, con la excepción de 2Ti_4:18 : «su Reino celestial». Este reino es idéntico al Reino del Padre (cf. Mat_26:29 con Mar_14:25), y con el Reino del Hijo (cf. Luc_22:30). Así, hay tan solo un reino, descrito de varias maneras; del Hijo del Hombre (Mat_13:41); de Jesús (Apo_1:9); de Cristo Jesús (2Ti_4:1); «de Cristo y de Dios» (Efe_5:5); «de nuestro Señor y de su Cristo» (Apo_11:15); «de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo» (Apo_12:10); «de su amado Hijo» (Col_1:13).

»Con respecto al futuro, el Señor enseñó a sus discípulos a orar así: «Venga tu reino» (Mat_6:10), donde el verbo se halla en tiempo puntual, lo que impide la noción de un progreso y desarrollo gradual, e implicando una catástrofe repentina como se declara en 2Ts_2:8.

»Por lo que respecta al presente, el hecho de que alguien pertenezca al Reino de Dios no se evidencia en la observancia puntillosa de ordenanzas, que son externas y materiales, sino en cosas más profundas del corazón, que son espirituales y esenciales, esto es, «justicia, y paz, y gozo en el Espíritu Santo» (Rom_14:17)» (de Notes on Thessalonians, por Hogg y Vine, pp. 68-70).

»Por lo que respecta a las expresiones «el Reino de Dios» y el «Reino de los Cielos», en tanto que a menudo se emplean de una manera indistinta, no sigue de ello que en cada caso signifiquen exactamente lo mismo y que sean totalmente idénticas.

»El apóstol Pablo se refiere a menudo al Reino de Dios, no dispensacionalmente, sino en lo moral (p.ej., Rom_14:17; 1Co_4:20), pero nunca de este modo del Reino de los Cielos. «Dios» no es equivalente a «los cielos». él está en todas partes y por encima de todas las dispensaciones, en tanto que «los cielos» se distinguen de la tierra, hasta que el Reino venga en juicio, poder y gloria (Apo_11:15) cuando el gobierno en los cielos y sobre la tierra vendrán a quedar unificados en uno solo.

»Así, en tanto que la esfera del Reino de Dios y del Reino de los Cielos son en ocasiones idénticas, no se puede, sin embargo, utilizar ambos términos como indiscriminadamente sinónimos. En el «Reino de los Cielos» (32 veces en Mateo), el cielo está en antítesis a la tierra, y la frase se limita al reino en su aspecto terreno para el tiempo presente, y se utiliza solo dispensacionalmente y en relación con Israel. En el «Reino de Dios», en su más amplio aspecto, Dios está en antítesis a «hombre», y el término significa la completa esfera del gobierno y actuación de Dios en relación con el mundo. Tiene un sentido moral y espiritual y es el término genérico para el reino en todo tiempo. El Reino de los Cielos es siempre el Reino de Dios, pero el Reino de Dios no está limitado al Reino de los Cielos, hasta que en su forma final vengan a ser uno y lo mismo; p.ej., Apo_11:15; Jua_3:5; Apo_12:10» (Extracto).




sábado, 12 de enero de 2013

El Sacrificio que Agrada a Dios

Introducción

En primer lugar quiero expresar mi más sincero agradecimiento a Dios, por la oportunidad que me da de poder expresar mi alegría y mi gozo en Él. Doy toda la gloria, toda la alabanza y toda la adoración al único que la merece mi Señor Jesucristo por haber hecho sacrificio tan grande y tan perfecto que es capaz de salvar al perdido, sanar al enfermo y liberar al cautivo, dar aliento y esperanza a todo aquel que pone su confianza en Él. 
 Agradezco por todas las bendiciones que me permitio obtener durante el año pasado (2012), pude ver su redención sobre mi vida, su misericordia y su gracia abundantemente sobre mi familia, por encima de mis errores, faltas y pecados, Él me perdonó y me ama exactamente como soy. Creo firmemente que esta gracia y misericordia está disponible para todo aquel que exprese un arrepentimiento genuino delante de Él y lo busque de todo corazón.

En años anteriores hice muchas promesas que no cumplí y me he propuesto en este año (2013) no prometer nada, sino comprometerme a hacer y que sean mis hechos los que hablen de mi pacto con Dios. Quiero compartir brevemente una enseñanza referida a la importancia y valor que tiene la alabanza frente a Dios, y según esgrime el Apóstol Pablo en su carta a los Efesios, esta es una de las principales razones por las cuales fuimos redimidos. (Para todas las referencias bíblicas utilizaré la versión Reina Valera 1960 que es la de mayor aceptación entre la mayoría de cristianos, en caso contrario, indicaré la versión que estoy utilizando).
"...para alabanza de la gloria de su gracia..." (Efesios 1:6)

1. Definiendo la Alabanza

No voy a entrar en posturas teológicas ni en discusiones sobre etimología de las palabras originales usadas en la Biblia para expresar este término, sino que me voy a limitar a dar una definición práctica y sencilla que pueda utilizar cualquier creyente sin importar el tiempo que tenga en los caminos del Señor.

La Alabanza es "expresar con un corazón agradecido y sincero, reconomiento y honra a Dios por todas aquellas bendiciones que hemos recibido, entendiendo que toda buena dádiva y todo regalo perfecto proviene de Dios (Santiago 1:17)". La alabanza y la acción de gracias siempre van acompañadas, es difícil expresar las portentosas obras de Dios sin que éstas vayan seguidas de unas palabras de agradecimiento.


 2. El Sacrificio que Agrada a Dios.

Quiero utilizar como texto base para esta enseñanza 2 Crónicas 7:1-3, el cual escribo a continuación:

Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa. Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová. Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, y su misericordia es para siempre.

En estos tres versículos está resumido lo que ocurrió el día que el rey Salomón decidió consagrar el Templo, -este Templo llevó cerca de 20 años de construcción (2 Crónicas 8:1)-, en presencia del pueblo se arrodilló y oró a Jehová (2 Crónicas 6), cuando terminó de orar ...descendio fuego de los cielos..., -si bien es cierto que Elías es reconocido como el profeta de fuego, Salomón debería ser reconocido como el rey de fuego-, lo que si es evidente que aquí hubo una combinación que agradó a Dios: devoción, consagración, sacrificio, oración, alabanza y posteriormente adoración (v.3).


En tiempos del antiguo pacto, había un formalismo, una liturgia que debían seguir para buscar a Dios, ritos de purificación, ritos de sacrificios por el pecado, entre otros, todos los cuáles eran sombras que apuntaban hacia lo que sería el sacrificio perfecto que finalmente le daría la entrada al hombre en la comunión perfecta con Dios, el sacrificio vicario de Jesucristo (Hebreos 10:12).

Ahora bien, estamos en un nuevo pacto, ya Cristo se ofrecio en sacrificio por nuestros pecados, y pudieramos decir que ya no hay más sacrificios, sin embargo, el libro de Hebreos 13:15 habla acerca de los sacrificios que en este tiempo agradan a Dios:

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.

Sacrificios de alabanza siempre por medio de Jesucristo: 
  • En aquel tiempo del antiguo pacto se ofrecieron sacrificios para consagrar el Templo que habían construido, pero en tiempos del nuevo pacto el templo de Dios somos nosotros (1 Corintios 3:17).
  • En aquella época se sacrificaron animales escogidos pero en este tiempo nosotros somos el sacrificio que debe ser presentado delante de Dios (Romanos 12:1). 
  • Al igual que en la antigüedad, cuando nuestro sacrificio de alabanza agrade a Dios, Él enviará su fuego purificador sobre nuestras vidas (Mateo 3:11, 1 Pedro 1:7). 

Cuando nuestras vidas estén puras delante de Dios, entonces su gloriosa presencia reposará sobre nosotros, y todo aquel que vea ese fuego que hay en ti y esa gloriosa presencia de Dios que te acompaña, se postrará y adorará al único que merece toda la gloria y toda la honra, al cordero inmolado que vive por los siglos de los siglos, a Jesucristo Rey de reyes y Señor de señores. Amén. 


Pero esto sólo vendrá cuando te sea revelado que mientras alabas a Dios, estás hablando el lenguaje del cielo, trayendo su reino a esta tierra y cosas poderosas ocurren en el mundo espiritual que no podemos ver pero solo es cuestion de tiempo para que se manifiesten en lo terrenal, 20 años le llevó a Salomón llegar a ese día cuando la gloriosa presencia de Dios lleno aquel lugar, que no nos lleve a ti y a mi -que tenemos la presencia del Espíritu Santo- más de 20 días para experimentar ese fuego purificador y la hermosa presencia de nuestro Padre Celestial.
Alabemos al Señor en espíritu y verdad con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra mente, con todo nuestro ser. (Juan 4:23). Dios bendiga cada día más abundantemente su vida. Gracias por tomarse el tiempo para leer estas breves líneas, espero haber edificado su vida y haber empujado su fe a un nivel más alto.

Se despide, Jean Carlo García, Siervo de Jesucristo. ¡Te Alabo, oh Señor!

Aquí les dejo este hermoso video de nuestra amada hermana Christine D'Clario "Como Dijiste" que amplia la esencia de esta enseñanza.




jueves, 18 de noviembre de 2010

APRENDIENDO A GUERREAR

Texto Base: 1 Juan 1:5-10 y 2:1-2, 14.

Introducción: El tema de la guerra espiritual es fascinante y cautiva los sentidos, el equilibrio (producto de entender correctamente la palabra de Dios) es la clave para dominar este tema.

  1. Características de satanás.
  • Príncipe de los demonios o Beelzebú (Mt. 12:24 y Lc. 11:15).
  • Belial: El impío y perverso por antonomasia. (2 Co. 6:15).
  • Diablo: acusador, calumniador (Lc. 4:2, 13).
  • Engañador: “El que engaña al mundo entero” (Ap. 12:9; 2 Co. 11:14).
  • Dios de este siglo: gobierna sobre las estructuras humanas negadoras de Dios (2 Co. 4:4).
  • El maligno: siendo malo, vive intensamente para hacer mal a los seres humanos (Jn. 17:15; 1 Jn. 5:18).
  • El tentador: empeño en hacer caer a los creyentes en el pecado y el error (1 Ts. 3:5).
  • Gran dragón: la fiera que quiere devorar la obra de Dios (Ap. 12:4, 9).
  • Príncipe de este mundo: Al gobierno de hombres y ángeles que se oponen a Dios. (Jn. 12:31, 16:11).
  • Príncipe de la potestad del aire: gobierno sobre los seres angelicales malignos (Ef. 2:2).
  • Serpiente antigua: fue él quien participó en la caída de Adán y Eva (Gn. 3 y Ap. 12:9).
  • Padre de la mentira. (Jn. 8:44).
  • El enemigo, ladrón, asesino y destructor (Jn. 10:10).

  1. La obra de satanás.
  • Tentar al desobediente (Gn. 3:4).
  • Calumniar a los santos (Job 1:9-11).
  • Causar enfermedades (Job 2:7; Lc. 13:10-16).
  • Oponerse a los justos (Zac. 3:1).
  • Sembrar la cizaña (Mt. 13:38-39).
  • Arruinar el alma y el cuerpo (Lc. 9:42; 13:16).
  • Mentir (Jn. 8:44).
  • Incitar a los hombres al pecado (Hch. 5:3; 2 Co. 12:7; Ef. 2:2; 1 Ts. 2:18).
  • Hacer presa de los hombres (Ap. 2:10).
  • Mantener al incrédulo en oscuridad (Hch. 26:18; 2 Co. 4:3-4).
  • Contender con los santos (Ef. 6:12).
  • Inspirar milagros mentirosos para desviar la fe (2 Ts. 2:9 y He. 2:14).
  • Quitar la palabra de Dios para que no crean (Lc. 8:12).


  1. Formas de trabajo de satanás.
  • Satanás trabaja a través de puertas (es un símbolo que habla acerca de la autoridad o dominio que tienen las personas sobre las áreas de su vida ), estas puertas siempre han sido las mismas desde Génesis hasta nuestros días (Gn. 3:6 y 1 Jn. 2:15-17), (ver tabla anexa).
    1. Los malos deseos del cuerpo o los deseos de la carne.
    2. La codicia de los ojos o los deseos de los ojos.
    3. La arrogancia de la vida o la vanagloria de la vida.
Cuando una (1) de estas puertas se abren satanás encuentra un lugar para empezar a hacer su obra destructora en la vida de las personas, en otras palabras les he otorgado autoridad legal para destruir la vida.
  • Satanás posee una estrategia para abrir estas puertas:
    1. Puede esperar hasta que de manera natural se abra la puerta, es decir, acecha su presa (Mt. 4:2 y 1 P 5:8).
    2. Sino utiliza los siguientes (dardos)(ver gráfico anexo):
      1. Tentación: Influencia (probable) (1 Ped. 5:8).
      2. Acusación: Control (posible) (Hch. 5:3).
      3. Engaño: Posesión (imposible) (1 P. 1:18-19).
    3. Para alcanzar la posesión sobre una vida, satanás abarca las siguientes etapas:
      1. Invasión: Su presencia en el entorno personal.
      2. Opresión: Es la presencia satánica sin estar dentro de la esfera física-espiritual.
      3. Regresión: Una vez cruzada la etapa anterior guía a la persona a pecados para así estar en completa autoridad.
      4. Supresión: La persona comienza a dar vestigio de poca lucidez.
      5. Posesión: Toma absoluto control de la persona

  1. Estado o condición de satanás.
  • Fue expulsado del cielo. (Lc. 10:18).
  • Ha sido juzgado y condenado (Jn. 16:11; Ap. 20:10).
  • Está vencido, derrotado y desarmado (Col. 2:15).

  1. Posición en Cristo Jesús (identidad).
  • Tengo aceptación:
    1. Soy hijo de Dios (Jn. 1:12).
    2. Soy amigo de Dios (Jn. 15:15).
    3. Soy justificado (Ro. 5:1)
    4. Estoy unido con el Señor y soy uno con Él en espíritu (1 Co. 6:17).
    5. Fui comprando por precio de sangre. Pertenezco a Dios (1 Co. 6:20).
    6. Soy miembro del cuerpo de Cristo (1 Co. 12:27).
    7. Soy santo (Ef. 1:1).
    8. Fui adoptado como Hijo de Dios. (Ef. 1:5).
    9. Tengo acceso directo a Dios a través del Espíritu Santo (Ef. 2:18).
    10. Fui redimido y perdonado de todos mis pecados (Col. 1:14).
    11. Estoy completo en Cristo. (Col. 2:10).
  • Tengo seguridad:
    1. Estoy libre de condenación (Ro. 8:1-2).
    2. Estoy seguro de que todo saldrá bien (Ro. 8:28).
    3. Estoy libre de toda condenación en mi contra (Ro. 8:31-34).
    4. Nada pueda separarme del amor de Dios (Ro. 8:35-39).
    5. Fui confirmado, ungido y sellado por Dios (2 Co. 1:21-22).
    6. Estoy escondido con Cristo en Dios (Col. 3:3).
    7. Estoy seguro de que la buena obra que Dios ha comenzado en mí, será perfecta (Fil. 1:6).
    8. Soy ciudadano del cielo (Fil. 3:20).
    9. No tengo un espíritu de temor, sino de poder, amor y dominio propio (2 Tim. 1:7).
    10. Puedo encontrar gracia y misericordia en tiempo de necesidad (He. 4:16).
    11. Soy nacido de Dios y el maligno no puede tocarme (1 Jn. 5:18).
  • Soy importante:
    1. Soy la sal de la tierra y la luz del mundo (Mt. 5:13).
    2. Soy un racimo de la vid verdadera, un canal de su vida (Jn. 15:1-5).
    3. Fui elegido y señalado para llevar fruto (Jn. 15:16).
    4. Soy testigo personal de Cristo (Hch. 1:8).
    5. Soy templo de Dios (1 Co. 3:16).
    6. Soy ministro de reconciliación (2 Co. 5:17-20).
    7. Soy colaborador de Dios (2 Co. 6:1).
    8. Estoy sentado con Cristo en lugares celestiales (Ef. 2:6).
    9. Estoy en la obra de Dios (Ef. 2:10).
    10. Puedo llegar a Dios con libertad y confianza (Ef. 3:12).
    11. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil. 4:13).

  1. Armas que tenemos.
    1. Nuestras armas son espirituales, por lo tanto, no las podemos ver, pero las usamos basados en la fe, su efecto es estrictamente espiritual pero lo podemos ver reflejado en el mundo natural.
    2. Como son armas espirituales (provienen de Dios, Dios es Espíritu, Jn. 4:24) y para usarlas debemos desechar todo lo malo (Ro. 13:12).
    3. Estas armas son de justicia tanto ofensivas como defensivas (no debemos ser reactivos sino preactivos) (2 Co. 6:7).
    4. Estas armas no son carnales sino poderosas en Dios (2 Co. 10:4).
¿Cuáles son estas armas?
  • La Palabra de Dios (Mt. 4 y Ef. 6:17)
  • La sangre de Cristo (Ap. 12:11; 1 Jn. 1:7 y 2:13).
  • La oración (Ef. 6:18).
  • La armadura de Dios (Ef. 6:10-18).
  • La sujeción y sumisión a Dios (Stgo. 4:7).

  • Para poder usar las armas tenemos que ponérnoslas (Ef. 6:10, Ro. 13:2 y 1 Ts. 5:8).


  1. Usando la autoridad correctamente.
  • Nuestra autoridad está en Cristo: (Lc. 9:1-2; 10:17) en consecuencia no la podemos ejercer separados de Él (satanás quizo tentar a que Jesús actuará separado del Padre).

  • Tenemos el derecho y la capacidad de establecer el reino de Dios: (Ej: El fiscal de tránsito tiene la autoridad para detener el tráfico mas no tiene la fuerza física para hacerlo). Los cristianos tenemos autoridad (Mt. 28:18-19) y tenemos poder para enfrentar a los demonios (Lc. 10:19-20).

Neil Anderson en su libro “Rompiendo las Cadenas” dice: “Los creyentes tienen la autoridad de hacer la voluntad de Dios debido a su posición en Cristo, y el poder de hacer la voluntad de Dios en la medida que anden en el Espíritu, (Ef. 6:10)” (p. 77).

  • Línea de mando: Jesús es el comandante en Jefe y nos ha conferido autoridad, esa autoridad debemos ejercerla en sujeción a Él (Lc. 10:17, antitesis Hch. 19).

Neil A. (ob. cit.) explica: “¿por qué el reino de las tinieblas ejerce una influencia tan negativa en el mundo y la vida de los cristianos? Porque satanás ha engañado a todo el mundo (Jn. 5:19). Satanás no es igual que Dios en poder; es un enemigo desarmado y derrotado (Col. 2:15). Pero te puede engañar para hacerte creer que tiene más poder y autoridad que tú… has recibido autoridad sobre el reino de las tinieblas, pero si no lo crees ni la ejerces será como si no la tuvieras” (p. 79).

  • Nosotros tenemos ventaja sobre los primeros discípulos, ellos estaban CON Cristo pero nosotros estamos EN Cristo.

  • La profundidad y la anchura de la autoridad: El poder y la autoridad que Dios nos ha otorgado no se compara con nada aquí en la tierra. La obra más grande y poderosa que Dios ha hecho es la resurrección de su Hijo Jesucristo y ese poder que actúo en aquel momento está disponible para nosotros ahora (Ef. 1:15-23).

  • Autoridad conferida: Dios no solamente pensó poner a nuestras disposición esa autoridad sino que efectivamente no las confirió (Ef. 1:19; 2:4-6). Nosotros que estábamos muertos en nuestros delitos y pecados fuimos resucitados juntamente con Cristo en poder y autoridad sentados en lugares celestiales con Él.

Neil A. (ob. cit.) expresa: “Tu identidad como hijo de Dios y tu autoridad sobre las potestades espirituales no son cosas que vas recibiendo o que recibirás en el futuro; las tienes ahora mismo. Eres hijo de Dios que vive ahora. Estás sentado en los lugares celestiales con Cristo ahora mismo. Tienes poder y autoridad sobre el reino de las tinieblas y de hacer la voluntad de Dios ahora mismo” (p. 83, subrayado mío).


  • Esta autoridad nos fue dada con un propósito (Ef. 3:8-12).

  • Apto para la obra de Dios: Existe cuatro (4) requisitos para usar la autoridad y el poder de Cristo:

  1. CREER: Efesios 1:19 expresa claramente que esta autoridad le fue conferida a los que creemos, de la misma manera que somos hechos hijos de Dios por la fe (Jn. 1:12) así también está autoridad solo puede ser usada si creemos. (Ej.: un fiscal novato que no crea que le fue dada esa autoridad correrá el riesgo de ser atropellado, un fiscal experimentado no le sucederá lo mismo porque él actúa confiado en la autoridad de la cuál está investido para controlar el tránsito).

  1. HUMILDAD:La humildad es la confianza puesta donde corresponde. Al ejercer nuestra autoridad, la humildad consiste en poder la confianza en Cristo quien es la fuente de nuestra autoridad, en vez de ponerla en nosotros mismos” (Neil A., ob cit.). (Fil. 3:3; Jn. 15:5).

  1. OSADÍA: Es una marca que debemos llevar todos los cristianos llenos del Espíritu Santo, debemos ser fuertes y valientes (Hch. 1:8; 4:31, Pr. 28:1 y 2 Ti. 1:7). Los cobardes tienen su destino Ap. 21:6-8.

  1. DEPENDENCIA: Tenemos autoridad para hacer la voluntad de Dios, nada más y nada menos. Nuestro primer llamado es hacer la voluntad de Dios, buscar su reino, establecer su reino. Nuestra autoridad no está para ejercerla sobre otros creyentes (Ef. 5:21) sino para estar sumisos los unos a los otros; debemos aprender a estar sujetos a las autoridades (Ro. 3:1-7; He. 13:17) pero sobre todo a Dios (Stg. 4:7).

  • Que el Señor nos dé entendimiento y sabiduría en todo tiempo y en todo lugar. Dios te bendiga. Amén.

martes, 13 de abril de 2010

El Bautismo en El Espíritu, Parte II


Como dije en el artículo anterior, ser bautizado implicar ser sumergido, y en relación al Espíritu Santo, es ser capacitado por Él para ser testigo fiel de Jesucristo.

Ahora bien, ¿existe alguna manifestación externa de éste hecho?, continuo examinando el libro de Hechos de los apóstoles, en el segundo capítulo tengo una evidencia contundente:

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. (Hechos 2:1-6).

De este texto se desprende algunas enseñanzas importantes acerca del bautismo en el Espíritu, pero antes debemos detectar si realmente era esta la manifestación del Espíritu a la que se refería el Señor Jesucristo en el capítulo 1, al cual me referi con anterioridad. Como expresé, existen dos elementos que deben estar presentes en el bautismo, el primero de ellos es el ‘poder’ y el segundo es ser ‘testigos’; ahora bien, observa si en el texto hay poder, el verso 2 indica que “vino del cielo un estruendo”, ¿a qué dije que se podría comparar el bautismo?, a una explosión, ¿será que una explosión es estruendosa?, por supuesto que sí; entonces, es innegable el hecho de que allí hubo poder; continua diciendo el texto en el verso 6 “se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua”; es decir, a ellos se les estaba testificando de las maravillas de Dios, el verso 8 lo explica mejor: “¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?”. También es importante resaltar que el apóstol Pedro en su defensa cita al profeta Joel diciendo que Dios derramaría de su Espíritu Santo sobre toda carne, es decir, rebosaría a las personas con su Espíritu; el apóstol le dice a los presentes que esto era lo que estaba sucediendo (Hechos 2:14-17).

Este texto introduce un nuevo elemento acerca del bautismo en el Espíritu con respecto a lo escrito en el capítulo 1 de Hechos, el cual es, hablar en otras lenguas, sin embargo, ya el Señor había hecho referencia a esto en Marcos 16:17. Estas lenguas quizás sean desconocida para nosotros, pero conocida para alguien en el mundo; el verso 4 así lo explica: “Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”. Observa otro texto que tenga un ejemplo similar:

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro quedaron atónitos que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. (Hechos 10:44-46).

¿Qué fue lo que evidenció que los gentiles también habían recibido el don del Espíritu Santo?, el hablar en lenguas; de tal manera, que el hablar en lenguas constituye una evidencia externa de que has sido bautizado en el Espíritu. Entonces, puedo llegar a través de estos textos a una definición de lo qué es el Bautismo del cual vengo escribiendo:

Es una promesa del Padre Celestial para sus hijos, –un don o regalo–, en la cual, ellos son investidos de poder de lo alto para testificar y que se manifiesta externamente a través del hablar en lenguas.


Este estudio lo continuaré ampliando, para aclarar la mayoría de las dudas que hay al respecto. Dios te bendiga

El Bautismo en El Espíritu, Parte I


Voy a iniciar este artículo con una escritura bíblica:

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oíste de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: “Señor: ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Y les dijo: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1:4-8).

Con este texto base, voy a iniciar el estudio acerca de lo qué es el bautismo en el Espíritu Santo, para ello no solamente necesitas saber lo que éste texto revela, sino que adicional a esto debes sentar las bases de la doctrina del Espíritu Santo, sin embargo, hay que reconocer por la lectura que este bautismo antes que nada es una “promesa del Padre”, por lo cual si es una promesa del “Padre” es para todos sus “Hijos” y en efecto así es. Ahora bien, si soy un hijo de Dios, surge la interrogante ¿estoy bautizado en el Espíritu?, ¿qué evidencia tengo de estar sumergido en el Espíritu?. Para contestar a estas interrogantes y otras que se presenta voy a desarrollar el concepto completo, explicándolo a partir del texto leído.

En el texto de las Escrituras anterior, el Señor Jesucristo, le dice a los discípulos que no se fueran de Jerusalén hasta tanto no recibieran la promesa de la cual Él había hablado, el bautismo en el Espíritu Santo, entonces, preguntó, ¿será que los discípulos no tenían al Espíritu Santo? O ¿Será que no eran creyentes de verdad, –es decir, iglesia–, hasta tanto no sean bautizados?. La respuesta es no, los discípulos sí tenían al Espíritu Santo en su vida y si eran creyentes, por que el evangelio según San Juan lo explica.

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: “Paz a vosotros”. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: “Paz a vosotros. Como me envío el Padre, así también yo os envío”. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”. (Juan 20:19-22).

Esto quiere decir que los discípulos ya tenían el Espíritu Santo porque Jesús ya se los había dado, mucho antes de la ascensión, entonces, ¿a qué se refería el Señor cuando les dijo que esperasen en Jerusalén hasta que fuesen bautizados en el Espíritu Santo?. El texto que leímos en el libro de Hechos profundiza aún más referente a éste tema, el verso 8 dice:


pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1:8).

¿Qué dice el texto que iban a recibir los discípulos?, Poder, ¿para qué?, para ser testigo. El término bautismo viene del griego ‘baptizo’, que significa sumergir, de tal manera, que cuando hablo de bautismo en el Espíritu, estoy hablando de ser sumergidos en el Espíritu que es muy diferente al hecho de ser templo y morada del Espíritu Santo (1ª Co. 6:19). Es decir, puedo bañarme en una piscina, beber agua de ella, nadar en ella, pero aún así, no sumergirme, cuando me sumerjo, todo mi cuerpo queda cubierto con el agua que hay allí; era éste el mensaje que estaba transmitiendo nuestro Señor Jesucristo.

Cuando se habla sobre el bautismo, existen dos términos los cuales son el resultado directo del mismo, el primero es poder del griego ‘dunamis’ del cual se deriva el término español dinamita, es decir, cuando soy bautizado en el Espíritu tu vida se convierte en una explosión, se desata el poder de Dios en tu vida y en todo tu alrededor, éste poder te capacita para poder ser testigo, que es el segundo término, del griego ‘martureo’ en español mártir, –alguien que es capaz de dar su vida por una causa–, eso es exactamente lo que produce el bautismo, te capacita de tal forma para testificar del evangelio que eso se convierte en una explosión de milagros, señales y prodigios que conduce a dar tu vida por causa del evangelio sin temor, confiado que estas muriendo por la causa correcta. Y como referencia se conoce por la historia que el único apóstol que murió anciano fue Juan, del resto todos sufrieron martirios en las cárceles romanas y otros lugares, es decir, fueron asesinados por causa del evangelio.

Dios te bendiga, continua siguiendo este estudio.